domingo, 28 de noviembre de 2010

Coordinaciones


CONCLUYE CONGRESO PARTIDARIO

PPC va en alianza con PPK. Símbolo será mapa del PPC modificado

28 de Noviembre del 2010

 


Dato
El candidato pepecista integrará la primera vicepresidencia en la fórmula de la alianza, y será elegido el próximo 18 de diciembre.

      

LIMA | El maratónico XVI Congreso Nacional Estatutario del Partido Popular Cristiano (PPC), que se desarrolló en su local central de la avenida Alfonso Ugarte, tuvo anoche un final con resultado cantado: la decisión de ir en alianza con el frente político que lanza al economista Pedro Pablo Kuczynski (PPK) como candidato presidencial.

De acuerdo con la moción votada a mano alzada por los delegados pepecistas, se aceptó la propuesta de la lideresa Lourdes Flores Nano de ir en alianza con el frente que integran, además, Restauración Nacional, Alianza para el Progreso y el Partido Humanista.

Asimismo, se aprobó que sea un militante pepecista el que acompañe a PPK como candidato a la primera vicepresidencia de la República.

En lo que respecta al símbolo que representará a la alianza, se acordó que sea el mapa del PPC, llevando en su interior la letra A (que identifica a Alianza para el Progreso).

Conocida la decisión adoptada por el congreso pepecista, PPK se acercó al local socialcristiano para saludar con un fuerte abrazo a sus líderes Luis Bedoya Reyes y Lourdes Flores Nano, y prometió que trabajará para llevar a la población su mensaje de erradicación de la pobreza y equidad.

"Entre los 25 puntos de nuestra agenda programática se encuentra esencialmente acabar con la pobreza, de manera profesional y con corazón. No sólo son números (macroeconómicos) sino sentimiento a la gente que vive en una choza. Haremos que la economía siga creciendo, pero con justicia y acortando distancias. Ese es el mensaje de esta alianza", dijo PPK a la prensa.



    Fernandes [Archivo adjunto 1]


     
    [Más abajo se incluyen archivos adjuntos de Eugenio Vargas Carbajal]

    En Brasil, Millor Fernandes (humorista, dramaturgo y escritor) lanzó un  desafío público con la siguiente pregunta:

    Cuál es la diferencia entre Político y Ladrón?


    Le llamó mucho la atención la respuesta de un lector:

    "Estimado Millor, después de una larga búsqueda llegué a esta conclusión:
     
    La diferencia entre un político y un ladrón es que el primero lo elijo yo, y el segundo me elige a mi. ¿Estoy en lo cierto?"

    Esta fue la réplica de Millor:
    Apreciado señor, usted es un genio.   " Es el único que logró encontrar una diferencia
      

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    Archivos adjuntos de Eugenio Vargas Carbajal

    Foto 1 de 1

     

    Haití, el azote de la venganza histórica



     


    Haití, el azote de la venganza histórica

    El paupérrimo país caribeño provocó la primera rebelión de esclavos que devino en la formación de una nación en 1804, antes que el resto de América. Dos siglos después, Haití parece estar pagando largamente ese atrevimiento. Eduardo Grüner trata el tema en la entrevista que se le realizó

    El último libro de Eduardo Grüner viene a interrumpir el flujo del pensar histórico-filosófico y, por tanto, la tarea que abre es infinita y el camino que señala es arduo. Si por un lado recuerda, al nivel de los "meros hechos", la importancia de la revolución haitiana –la primera y más radical de las revoluciones independentistas y la única revolución de esclavos negros triunfante en la historia humana– para Sudamérica y el Caribe, y la forma en que allí se anudan la historia colonial de Africa y de América, por otro lado, nos desvela su influjo en el pensamiento filosófico y la producción literaria modernos. Incluso Hegel, sugiere el autor en la huella de Susan Buck-Morss, estaría pensando en ella en el célebre apartado IV, "la dialéctica del Amo y el Esclavo", de su Fenomenología del Espíritu , cuando habla de la lucha a muerte por el reconocimiento del Otro, aun más que en la revolución francesa, aunque el filósofo alemán no mencione ni a una ni a otra.

    Por eso, los distintos términos que constituyen la frase "esclavitud afroamericana, revolución haitiana, eurocentrismo y pensamiento crítico en el sistema-mundo" –tal es el subtítulo de La oscuridad y las luces , recientemente editado por Edhasa–, y sus encadenamientos, por más extraños que puedan parecer a primera vista al investigador-escritor-lector acostumbrado a pensar con categorías "heredadas", están destinados a convertirse en conceptos centrales de la sociología histórica, la antropología, la filosofía política y otras disciplinas dispuestas a gestar una teoría situada utilizando sus propias nociones y categorías.

    En una conferencia dictada recientemente en la facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Grüner vuelve a aparecer brillante, no sólo por su claridad –todo estudiante de grado o posgrado en ciencias sociales ha escuchado sobre las virtudes expositivas de Grüner– sino por su inusual destreza actoral y su rigor conceptual: él aborda pacientemente el tema, él hace las preguntas que inquietan al auditorio, él introduce las notas de humor, propone un silencio mientras, por el rabillo del ojo, pispea las reacciones, suscita los debates y se enfurece por los malentendidos sin dejar nunca de ser amable.

    La esclavitud afroamericana y la revolución haitiana –sintomáticamente olvidados hasta ahora por la historiografía en lengua castellana– vuelven a mostrar (a re-presentar) que la modernidad se funda en una doble violencia. Una epistémica: la idea misma de modernidad es profundamente eurocéntrica, como queda en evidencia en la filosofía de la historia hegeliana que, al presuponer que la historia es el despliegue de la razón en el tiempo, pone a la modernidad occidental como una meta a la que deberían llegar los países "en vías de desarrollo". Como señala Grüner, esto es producto de lo que Aníbal Quijano llama colonialidad del poder y del saber; o en palabras de Walter Benjamin, de una "historia homogénea y vacía".

    Y una violencia material que no hace falta probar –la sangre mancha aún el oro de las catedrales europeas– pero sí explicar. Si la esclavitud afroamericana es la base material sobre la que se apoya la forma de acumulación originaria de lo que Immanuel Wallerstein denominó sistema-mundo capitalista moderno, la revolución haitiana, por su parte, vino a cuestionar el sujeto de derecho que planteaba la Revolución Francesa al obligarla a incluir en la universalidad abstracta –proclamada por la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (DDHC), de 1789– a la particularidad "negro".

    La lucha por el voto femenino a mediados del siglo que pasó, y la más reciente disputa por el matrimonio entre personas del mismo sexo, son casos testigo de la vigencia de estas "luchas históricas" por incluir otras particularidades. Pero también, como afirma el autor de La oscuridad y las luces , el hecho aparentemente banal de que el Bicentenario no haya sido festejado en 2004, cuando se cumplieron 200 años de la independencia de la colonia de Saint-Domingue (luego Haití), que aportaba un tercio de los recursos totales de Francia. "¿Lapsus racista, sugestivo olvido de la burguesía latinoamericana, incomodidad por la ocupación pacificadora que intentan los gobiernos de la región en la actualidad?", se pregunta el investigador y hace notar que, "además de haber sido la revolución fundante (iniciada en 1791 y concluida en 1804), también fue, por muy lejos, la social y culturalmente más radical. Pues fue la clase más explotada por excelencia, el último orejón del tarro –esclavos negros de origen africano– los que tomaron el poder para fundar una nueva nación. Siendo sus líderes de la misma clase y etnia".

    Los esclavos negros triunfantes fundaron esa nueva nación y la llamaron Haití, que no es un nombre africano, sino de la etnia Arawak, los pueblos originarios que estaban allí el 12 de octubre de 1942, cuando el almirante Cristoforo Colombo puso por primera vez pie en tierra.

    La osadía de los haitianos no termina ahí. Tal como escribe Grüner –quien confiesa que comenzó a investigar este tema más por su afición al jazz que por su ya conocida erudición–, el artículo 14 de su Constitución de 1805 dice: "A partir de la promulgación de esta Constitución, todos los ciudadanos haitianos, sea cual fuere su color de piel, serán denominados negros". Este artículo le propina un cachetazo a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, pero también a los muy cartesianos colonialistas franceses que, ya en el siglo XVII, habían creído identificar 126 tonalidades de color negro en los haitianos, que se corresponderían con rasgos de carácter (más o menos vagos, por ejemplo). Ese artículo 14 les dice, entonces, algo así como "no vengan con exquisiteces taxonómicas: negros somos todos". El artículo 12, en tanto, afirma que "ninguna persona blanca, de cualquier nacionalidad, pondrá pie en este territorio con el título de amo o propietario ni, en el futuro, podrá adquirir propiedad aquí". El siguiente artículo especifica que ese enunciado "no vale para mujeres blancas que hayan sido naturalizadas por el gobierno, ni sobre sus hijos actuales o futuros", así como tampoco "para los alemanes y los polacos". Como aclara Grüner, ese es el premio de la Revolución haitiana para con los reclutas del ejército napoleónico que terminaron simpatizando con la esa revolución y peleando de su lado.

    El esclavismo afroamericano y el semi-esclavismo amerindio es abordado por el ensayista, además, como un antecedente de lo que serían las grandes masacres del siglo XX, cuya experiencia más traumática ha sido el nazismo, ya que crearon una suerte de "colchón de tolerancia" para lo que no debería ser posible y que, sin embargo, sucedió.

    Grüner es tan taxativo como polémico cuando afirma que aquello que llamamos la "modernidad" es un eufemismo para referirnos al capitalismo; y cuando asegura que lo que suele estudiarse como formas económicas pre-capitalistas (la esclavitud afroamericana y la semi esclavitud amerindia, fundamentalmente) no son sino formas consustanciales del actual modo de producción (como, se podría agregar, la esclavitud o semi esclavitud china es consustancial a nuestra actual sociedad de consumo): "Eso que Marx llamaba modo de producción capitalista, y que tiende constitutivamente a ser mundial –colonial e imperial–, es otra manera de nombrar a la modernidad. De hecho en el capítulo 24 de El Capital explica que la explotación de fuerza de trabajo esclava y semiesclava en América es un aporte decisivo para 'la acumulación originaria del capital' que dio lugar al surgimiento de eso que eufemísticamente llamamos modernidad".

    ¿No existen entonces procesos, incluidos en el sentido del término "modernidad", que ocurren junto con el capitalismo pero no son, ellos mismos, capitalismo? Por supuesto que sí. Justamente, una tesis del libro es que esos otros procesos fueron aplastados por la lógica dominante del capitalismo, con lo cual emerge toda una concepción de la historia para la cual las otras lógicas suponen culturas "atrasadas" –y no simplemente diferentes– que deben ser obligadas a incorporarse a la lógica hegemónica, en condiciones "periféricas" de subordinación y explotación. Esos procesos aplastados pertenecen también a la modernidad: más aún, es a partir de ellos y de la puesta en evidencia de su conflicto irresoluble con la lógica hegemónica que puede hacerse una crítica interna a la propia modernidad sin caer en el relativismo "postmoderno".

    ¿Qué consecuencias acarrea la conformación de esta base económica de la modernidad, de la cual forma parte sustantiva la colonización? En primer lugar, la detención de los procesos de desarrollos autónomos de esas sociedades organizadas. La segunda, producto de esta detención, es su incorporación violenta y subordinada a la lógica instrumental de la acumulación mundial del capital, es decir, la transformación de los sujetos libres en productores forzados para esa acumulación. Tercero, la disolución de las historias diferenciales de esas sociedades en la linealidad de lo que los vencedores llaman "progreso histórico", cuya meta no es otra que aquel lugar que detentan. Es el documento de barbarie correlativo a aquel documento de civilización que se denomina modernidad. La modernidad no es una exportación europea a las sociedades "atrasadas". Es, por así decir, una "co-producción" donde algunos actores son las víctimas de esa lógica.

    ¿Por qué usted dice que la Revolución haitiana es más francesa que la Revolución Francesa, sucedida solamente dos años antes? Lo negro no estaba comprendido en la DDHC. Recién en 1794 la revolución haitiana logra que Robespierre decrete la abolición de la esclavitud en las colonias. Ese fue, claro, el último acto político de Robespierre antes de perder la cabeza (no me refiero a volverse loco, sino que hablo literalmente). Claro que la cosa no terminaría allí porque en 1802 Napoleón Bonaparte restauró la esclavitud en las colonias francesas, salvo en… Haití, porque sufrió allí la derrota más ignominiosa de toda su carrera militar hasta Waterloo, a pesar de haber enviado el ejército más grande que jamás haya enviado una potencia a sus colonias. Es por eso que la Revolución haitiana es más francesa que la Francesa, porque es la que la obliga a ser consecuente con sus premisas de universalidad. Ella pone en la agenda la discusión sobre la esclavitud y el racismo en las democracias modernas. Y lo hace no sólo en términos políticos sino con una sofisticación filosófica impensable, algo que ni a los más radicalizados filósofos iluministas del siglo XVIII, precursores ideológicos y teóricos de la Revolución Francesa, se les había pasado por la cabeza. Ni Voltaire ni Montesquieu ni Diderot ni Rousseau tenían nada que decir sobre los esclavos coloniales. Cuando hablan de esclavitud lo hacen de manera metafórica o, lisa y llanamente, la niegan; como cuando Rousseau le habla a los burgueses y les dice: "Vosotros que no tenéis esclavos".

    Es sumamente significativo que una de las sociedades actualmente más degradadas del planeta, haya sido la colonia más rica que jamás tuvo ninguna potencia colonial: más de la tercera parte de la economía francesa provenía de más de medio millón de esclavos que trabajaban en Haití en las plantaciones de azúcar, café, índigo y varios otros productos exóticos. Ni Grüner ni nadie que haya leído su libro puede descartar que las condiciones terroríficas en las que el sistema/mundo ha dejado hoy a Haití no sea una venganza que el mundo "moderno" se tomó –recordemos que los ex esclavos tuvieron que pagar una estrafalaria indemnización a Francia, ya que los consideraba un bien de su propiedad– y se sigue tomando contra esta vanguardia revolucionaria.


    http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/historia/Haiti-azote-venganza-historica_0_350365032.html

     
     
    Quizás poco conocido por estas tierras, Eduardo Grüner, es un verdadero referente en el ámbito teórico argentino. Profesor en las facultades de ciencias sociales y Filosofía y letras de la UBA , cuenta como currículum no sólo haber publicado varios libros de importancia en diversas áreas como la teoría política, teoría del arte, estudios culturales o la filosofía, si no que el ser un polémico e inquieto ensayista que ha ayudado a mantener viva la discusión en el ámbito cultural de su país publicando en diversas revistas y medios especializados como El Ojo Mocho, Confines, Punto de vista, Diatribas, Conjeturas, El Rodaballo . Aparte de todo esto es alguien que pertenece a la vieja guardia cinéfila habiendo dirigido la revista de crítica de cine Cinégrafo durante los años ´80. En esta entrevista exclusiva para La fuga , repasa varios temas relacionados con el cine, el ensayo y la problemática cultural contemporánea. 

     


    Un saludo Afectuoso
    Luisa Adriana C.
    COLOMBIA ES PASION




    "Quiero estar dónde esté mi sombra si es ahí donde estarán tus ojos".JOSE SARAMAGO

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    Los catolicos son unos facistas e ignorantes

    Solo hay cultos en la izquierda. Solo es culta la izquierda. Solo los cultos no creen en la existencia de Dios. Todos los catolicos son una sarta de ignorantes y facistas. Lo correcto politicamente es ser de izquierda. Solo los ignorantes creen en Dios. Los cultos no. Lo incorrecto e inmoral es ser de derecha. Los buenos estan a la izquierda los malos a la derecha. Es malo matar si eres de la derecha , pero es bueno si eres de izquierda porque lo haces por un bien, la justicia social segun el catecismo religioso y seudocientifico del socialismo cientifico.  Es malo robar si eres empresario privado no si eres funcionario del estado. Si hay un sirvenguenza en la empresa privada hay que destruir al capitalismo y a la empresa privada y a la institucion de la propiedad privada. Si hay miles de sinverguenzas en el aparato del estado incluso sicopatas, para nada hay que destruir o desmantelar el estado. No ves que el diablo es un empresario privado en el fonfo. Y un estado laico pero no solo laico sino sin religion es la nueva deidad. Nosotros los ateos somos la minoria ,pero ilustrada inteligente culta y eso nos da derecho a  dirigir una universidad catolica. Porque los catolicos son una sarta de ignorantes y fascistas. Riva Aguero tambien fue un fascista. Los catolicos matan por si acaso  la izquierda no acaso ustedes creen que Lenin Stalin Mao Fidel Corea del Norte han matado a alguien.Me imagino que hubiera pasado si URRS ganaba la guerra fria.

    Que esto de caviar

    18 de agosto de 2010

    ¿Qué es esto de lo caviar, el caviarismo y la caviarada?

    El éxito del término 'caviar' es síntoma de un país empachado hasta la inconsciencia del menjunje de fútbol y farándula con el que lo ceban día tras día.

    Alberto Vergara Paniagua
    Ilustración: Lucho Chumpitazi

    El 2003 salí del Perú. Cada vez que regreso percibo cambios de todo tipo en el país. Entre los que más me divierten están los vinculados al vocabulario de los limeños (es difícil hablar por el resto del país). Por ejemplo, en este lapso, 'bravazo' ha exiliado al venerable 'mostro', 'estar aguja' amenaza con jubilar al arcaico 'estar misio', y 'chévere' dejó de ser una ironía a los culebrones venezolanos para ser el reemplazo oficial de 'bacán'. Pero ninguna novedad lingüística se compara con el éxito de la palabra 'caviar' (y todos sus derivados).

    Lo que más me sorprende de 'caviar' es el radio de su influencia pues se ha convertido en una categoría política con todas las de la ley. Por ejemplo, en una reciente entrevista, el presidente Alan García afirma que a él no le gusta la Corte de San José de Costa Rica pues ha escuchado decir que "está politizada, por decirlo como se dice dentro del Perú, caviares" (sic). Una vez que el Presidente utiliza el término para explicar algo de la mayor importancia para las relaciones internacionales del país, convendremos en que la palabreja ha pasado a ser una categoría con poderes políticos indiscutibles. Y algo similar sucede en el mundo académico. Recientemente, le envié a un amigo un ensayo y me contestó que el argumento ahí expuesto le parecía "algo caviarón". Diablos, pensé, algo está pasando en el país porque hasta hace poco este amigo me hubiera criticado por ser "marxista", "institucionalista", "conservador" o algo por el estilo, pero... ¿caviarón? En fin, tal parece que ahora la palabra sirve para regir la política exterior del país y también para cuestiones académicas.

    Itinerario. Si mal no recuerdo, a inicios de los 2000 el diario Expreso y sus satélites utilizaban la expresión "los cívicos" para aludir a un grupo de gente de izquierda proveniente de las ONG, que ingresaron a trabajar al Estado durante los gobiernos de Valentín Paniagua y Alejandro Toledo. "Cívicos" tenía su gracia porque aludía a dos cosas. De un lado a la procedencia de personajes llegados de la sociedad civil y, en segundo lugar, al tonito moralizante y/o dolido que muchos de ellos, en efecto, muestran en sus apariciones públicas. De pronto, en algún momento de los tempranos 2000, alguien se enteró de que en Francia existía el término "gauche caviar" y, entonces, el mismo grupo de personas pasó a ser identificado como la "izquierda caviar" (por cierto, los motes varían según los países, en Suiza son los "toscana-zosi", en Inglaterra los "champagne socialists" y en Estados Unidos Tom Wolfe los bautizó como "radical chic").

    "Izquierda caviar" ya era un concepto más cachaciento que "los cívicos" pues el contenido dejaba de ser institucional/moral para pasar a ser ideológico/social. Vale decir, no bastaba con ser rojo. Para encajar en la categoría había que ser "rojo" y pituco (lo que en el Perú, desde luego, implica ser "rojo", pituco y blanco). Ideología, clase y raza en un solo combo. De ahí que se dijera que si había "izquierda caviar", también había una "izquierda salchipapa". Finalmente, en los últimos años, sintomáticamente, a la etiqueta se le retiró el elemento ideológico y sobrevivió el de clase y raza: "caviar". Y ahora Rosa María Palacios o Augusto Álvarez Rodrich han pasado a ser caviares.

    Si la palabra ha sido un éxito es porque algo de caviarismo existe. Se percibe su existencia, por ejemplo, cuando las mesas de la pastelería La Baguette de San Isidro albergan a los teóricos del movimiento plebeyo y nacionalista que hará la gran transformación del Perú. Ante la escena suelo pensar que la palabra tiene derecho de ciudadanía. En segundo lugar, la palabreja capta bien la política peruana, la cual jamás llega a escindirse de lo social ni de lo étnico (o sea que para entender nuestra política además de ciencia política hacen falta sociología y antropología). Y en el mismo sentido, da indicios de que los antagonismos políticos pueden entrar en combustión con más éxito desde la condición social que desde las ideas políticas. En tercer lugar, creo que el éxito de la palabra está vinculado al auge de los blogs en los últimos años. Los blogs han abierto una cancha donde triunfa la "boquilla" y donde "caviar" se transforma en un verduguillo fantástico para el chaveteo anónimo y cotidiano.

    Ahora bien, cuando Kenyi Fujimori se deschaveta ante la multitud y vocifera "van a ver señores caviares, vamos medir fuerzas en las calles", ahí la cosa se pone analíticamente difícil. Ya no sé a quién se refiere. Entonces, sin llegar al exceso kenyiano, ¿qué moviliza el uso de la palabra? Aquí van cinco intuiciones.

    Primero, tengo la impresión de que la oposición caviar/anticaviar recicla de alguna manera la vieja oposición aprismo/antiaprismo que dio forma a buena parte del siglo XX peruano. Un caviar debe ser antiaprista. Y un aprista es anticaviar. Esto se ve en las afinidades del juego político cotidiano. Los apristas hacen buenas migas con los fujimoristas, en gran medida, porque comparten el ánimo anticaviar. Y del lado caviar, por ejemplo, ha habido una cercanía implícita con el grupo El Comercio, que es la institución más duradera del antiaprismo en el Perú (aunque en los últimos tiempos haya migrado al alanismo). Cuando las papas queman, emergen las históricas fracturas recicladas.

    En segundo lugar, la palabra esconde una voluntad desordenada y chacotera de desautorizar cualquier idea de izquierda en el país. Es decir, su uso intenta ligar irremediablemente ciertos valores a ciertos rostros; ciertas ideas a ciertas pieles. Esto es, a todas luces, nocivo pues una derecha responsable debería darse cuenta de que la aparición de una izquierda moderna sería la mejor manera de darle cierto orden político al país. Y también es injusto pues, si las ideas de izquierda en el Perú estuviesen desautorizadas por su ADN pituco, el pecado original lo comparte también la derecha. Si no, los invito a ver el comunicado en apoyo a José Luis Cipriani aparecido hace algunas semanas en un diario local. En muchos años no se había visto nada tan oligárquico y reaccionario.

    Tercero, el éxito de la palabra debería generar que cierta izquierda peruana se pregunte con honestidad: ¿por qué le caemos tan mal a la gente? Aunque en las mesas de los cafés hayan abundado las conversaciones sobre los errores de la izquierda durante los ochenta, de cara al país no ha habido ningún gesto, ningún pronunciamiento, ningún mea culpa sincero. Y acaso ya sea muy tarde para eso.

    De otro lado, no olvidemos tampoco el uso con mala leche del término. Su utilización vinculada a los intereses militares, de quienes quisieran que en el Perú se pueda seguir desapareciendo gente sin que venga ningún "cholo igualado" a pedirle cuentas a nadie. O el uso de quienes robaron con camión durante los noventa y que en los últimos años intentan hacerle una reingeniería al "business". El caviarismo según los Soprano.

    Finalmente, la palabra es síntoma de algo más grande. Es síntoma de un país donde cualquier discusión programática ha quedado en el olvido, donde no hay partidos y prima una fragmentación sin límites y donde padecemos a una clase política desprovista de toda idea. En ese desierto intelectual y político triunfan la "chapa" y el "apanado". Reina el palomilla. En medio de esa tierra baldía, una ocurrencia —una chapa ingeniosa entre otras— florece como una categoría política referencial para el Presidente de la República o para nuestros intelectuales. En ese sentido, su éxito es síntoma de un país empachado hasta la inconsciencia del menjunje de fútbol y farándula con el que lo ceban día tras día.




    Leer más: http://www.poder360.com/article_detail.php?id_article=4627#ixzz16aZ5SWrZ

    El fin de la filofosofia

    Cual es la finalidad de la vida, la finalidad de nuestra existencia?. Si estuvieramos todos seguros de la respuesta, estariamos todos enfrascados de ver la forma de lograr ese objetivo. Pero eso nos asi, por eso existe la filosofia, la politica, la justicia y la injusticia, hombres sin valores y con ellos. Por eso existe el concepto del bien y el mal.El problema viene cuando alguien cree que ha descubierto la respuesta a esa pregunta y actua como si asi fuera. Como si ya tuviera la solucion. Y es que cuando tu crees que tienes la espuesta todos los problemas conflictos y disputas desaparecen y los unicos problemas que quedan son solo tecnicos. Es decir que tengo que hacer para lograr tal fin. Esto ha sucedido muchas veces con la religion pero tambien sucede con las ideologias que son muchas veces las religiones de los ateos y los seudocientificos. Con esto no quiero decir que no haya creyentes  que toman la ideologia como segunda religion o a veces como la mas importante, como la primera. Los hay muchos.

    sábado, 27 de noviembre de 2010

    caviarada

    El fascismo en el Perú

    Por Alberto Adrianzén M. (*)

    A continuación transcribo un correo electrónico que me llegó en días pasados y que da cuenta de una conversación (vía Facebook) entre un hijo y un padre. Como no he podido comprobar si dicho correo es veraz omitiré los nombres de los involucrados. Hijo:  "Feliz día, viejito! Solo me queda agradecerte por el apoyo incondicional que me das día a día, por eso eres el mejor viejo desde mi punto de vista. Y ya sabes viejo: haz patria y mata un caviar". Padre:  "Gracias, hijo del alma. Eres mi orgullo y mi felicidad. Te amo. (No es necesario matar 'caviares' para hacer patria, basta con combatirlos y derrotarlos con ideas".

    El siguiente es un fragmento de una nota aparecida en el diario Expreso el día 24 de junio: "La Católica publicó en El Comercio un costoso aviso pagado por los alumnos, justificando su desprecio por el Testamento de Riva Agüero. ¿Qué pensaría Riva Agüero de esta carta encabezada por un agnóstico? Recordemos que los progre que se apropiaron de La Católica –entre ellos un judío, Salomón Lerner F.–  se burlaron de Riva Agüero al instalar la exposición de la Comisión de la Verdad con gran afiche del tirano Velasco como fondo en la casa favorita del mecenas en Chorrillos".

    Transcribo finalmente unas cuantas líneas de una columna de Aldo Mariátegui publicadas en Correo el 30 de junio:  "Si el actual sistema de designación indirecta de rectores es malo, una elección directa sería pésima… Eso del voto gremial (catedráticos, estudiantes y colegios profesionales) para este tipo de cargos públicos académicos y de nombramiento de jueces es un estúpido mito absurdo creado por la caviarada con ese concepto fascistoide de 'Sociedad Civil', puro gremialismo mussoliniano. Si no, fíjense cómo los burros de los ingenieros han elegido a Gonzalo García Núñez –un radical humalista de paso muy polémico por el BCR– como integrante del Consejo Nacional de la Magistratura… Tanto el sistema de elección de los rectores como el del CNM deben ser modificados… Eso sería lo eficiente, no esa cojudez de que estudiantes ignorantes y académicos mediocres perpetúen con su voto que se siga dilapidando el dinero de los contribuyentes en universidades públicas tan deplorables en su calidad y tan politiqueras".

    Seguramente, otros ejemplos se podrían citar. Sin embargo, me interesa llamar la atención sobre el creciente clima de intolerancia fascista y el despliegue de una cultura que promueve el racismo y la muerte como opciones principales. Es el hijo que le dice amorosamente al padre: "mata a un caviar"; es Expreso "acusando" a Salomón Lerner F. de judío; es el director de un diario que cree que aquellos que no piensan como él son una manga de idiotas y comunistas. No es extraño que Oliver Starck, columnista de Perú 21, publicara un artículo (26/4/10) en el cual no solo hacia una abierta defensa de Riva Agüero como fundador del fascismo en el Perú ("Riva Agüero fue, efectivamente, un devoto de Benito Mussolini") sino también del fascismo mismo. La idea de que es posible asesinar al otro distinto (sea de izquierda, caviar o "progre") no es una simple metáfora o un juego de palabras. Es una propuesta política. El otro dato es que esta ofensiva fascista la promueven impune e impúdicamente algunos medios.

    No estamos, por lo tanto, solamente frente a una ofensiva conservadora, encabezada por personajes vestidos de frac o de sotana y con olor a naftalina. Lo curioso de todo esto es que aquellos que la promueven, se dicen modernos (y hasta liberales), defienden a capa y espada al mercado, a las actuales políticas neoliberales, a la globalización, pero también al fujimorismo, a los violadores de los DD.HH., al militarismo y al cardenal Cipriani representante de esa cultura franquista llamada Opus Dei. Por eso me pregunto si es posible construir un país y una democracia para todos, cuando no se tiene una derecha moderna (tampoco una izquierda) y sí, más bien, una banda de matones fascistas y de "buenos muchachos" al momento de hacer negocios.

    (*) albertoadrianzen.lamula.pe