lunes, 22 de febrero de 2010

Los magistrados

EDITORIAL

La descomposición del Consejo de la Magistratura

Lunes 22 de Febrero del 2010

A unque no es la primera vez que el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) se sumerge en vergonzosos y grotescos escándalos, las graves denuncias formuladas en su contra en las últimas semanas no tienen parangón ni excusa. Se evidencia con total crudeza el grado de descomposición institucional en que se encuentra una de las entidades más importantes del sistema judicial.

Nuestro Diario, que ha cumplido con fundamentar gran parte de las últimas denuncias y otras producidas en años anteriores, tiene que reiterar lo que es una exigencia a voces: que el Congreso inicie de inmediato el camino a la reforma del CNM, que por todo lo que viene ocurriendo en su seno, no está en condiciones de garantizar la eficiencia y ética de la administración de justicia en el Perú.

Uno de esos lastres radica en la consabida y perniciosa intromisión política que deben hacer frente el Poder Judicial, en general, y el CNM, en particular. Se trata, sin duda, de un mal antiguo, producto de las dependencias presupuestales y no presupuestales que históricamente ha padecido la administración de justicia peruana, pero que ahora se ha hecho más intensa, evidente e incluso descarada, al punto que uno de los miembros del CNM acaba de reconocer que efectivamente existen presiones políticas que flaco favor hacen a la transparencia e imparcialidad que debe caracterizar la función jurisdiccional.

Ante esto, bien vale recordar por qué y para qué nació el CNM. Si bien estaba presente en la Constitución de 1979, fue al amparo de la Carta Constitucional de 1993 que se buscó cambiar sus atribuciones y estructura para despolitizar la elección de jueces y fiscales, impedir que sean digitados por los poderes Ejecutivo y Legislativo, y garantizar que la sociedad civil —representada por colegios profesionales, diferentes al de abogados, y las universidades— participara en ese proceso.

Después de 17 años de esas modificaciones, hay que someter a evaluación al propio consejo e identificar sus aportes y omisiones a la administración de justicia, después del nefasto fujimorato, los gobiernos de Paniagua y Toledo, y en el actual.

En principio, hoy es claro que su actual configuración ha sido rebasada, y debe ser reemplazada por otra igualmente constitucional, capaz de impedir que las altas esferas del poder de turno o sus circunstanciales allegados se entrometan directa o indirectamente en el proceso de selección, evaluación, ratificación y sanción de los magistrados peruanos.

Tampoco la participación de los colegios profesionales ha sido ejemplar: la infiltración política es mayor a su independencia y la corrupción, superior al compromiso ético. Así lo demuestran los dos casos denunciados por El Comercio: el del consejero Efraín Anaya, representante del Colegio de Enfermeros, acusado con evidencias de haber pedido "favores económicos" a un magistrado a cambio de apoyarlo para que alcance una plaza en el reciente concurso de fiscales y vocales supremos. ¡Qué decir del fiscal destituido y denunciado penalmente, pero admitido como evaluador del CNM, con la venia del resto de integrantes de la comisión de nombramiento!

A estas alturas, bien vale preguntarse qué otras irregularidades no denunciadas se habrán perpetrado en ese proceso, herido de muerte, viciado y que por equidad debe ser suspendido de manera definitiva.

Además, hay un problema en el modus operandi del CNM. Si bien algunas de sus decisiones son constitucionalmente inimpugnables, es inadmisible el tratamiento que aplica en el nombramiento de magistrados, así como su abdicación para ceder a terceros la calificación de jueces y fiscales. Esto abre demasiadas suspicacias, sospechas y falta de credibilidad en el sistema judicial, como ha sucedido en el caso del destacado fiscal Avelino Guillén, de impecable desempeño profesional y moral, inexplicablemente desaprobado en el mencionado concurso.

Por todo esto, y mientras los poderes del Estado se deciden a iniciar la ineludible reforma del Consejo Nacional de la Magistratura, deben hacerse los controles de daños necesarios, en defensa de la institucionalidad, el Estado de derecho y la democracia, para convertirnos en un país cuya administración de justicia realmente ofrezca garantías.



La banda del choclito

Bandas que han atemorizado Lima

Lunes 22 de Febrero del 2010

Las bandas armadas han tenido en jaque, durante largos períodos de tiempo, a la sociedad limeña. Jorge Luis Campos Milla "Momón" (49) se hizo tristemente célebre por liderar durante la década de los noventa una banda que asaltaba y asesinaba cambistas. El mismo "Momón" llegó a admitir que mató a diez cambistas, hecho por el que fue condenado a 35 años de prisión en el 2003.

Otra banda que acaparó los titulares de la prensa nacional fue la banda Los Destructores que era liderada por Jacinto Aucayari "Cholo Jacinto". Dicho grupo fue bautizado de esa manera tras un asalto al Banco de la Nación en 1992 en el que usaron armas de guerra, hecho inédito hasta entonces. Aucayari fue apresado en el 2001 y desde entonces ha sido trasladado a diferentes penales debido a su gran peligrosidad.

En la década de los ochenta, la banda Los Elegantes integrada por Fernando Valera Calvo "La Gringa" y el "Loco Perochena" también saltó a la fama por robar residencias.

La Mecedora deporte nacional

PIEDRA DE TOQUE

El arte de mecer

Por: Mario Vargas Llosa Escritor
Domingo 21 de Febrero del 2010

Esta mañana, a la hora del almuerzo, escuché a mi hija Morgana contar los cuentos que les cuenta, a ella y a Stefan, su marido, la compañía de Cable Mágico para justificar su demora en instalarles el sistema de televisión por cable. Les juran que irán esta tarde, mañana, mañana en la tarde, y nunca van. Hartos de tanto cuento, han decidido pasarse a la competencia, Direct TV, a ver si es más puntual.

Lo ocurrido a Stefan y Morgana me ha tenido varias horas recordando la maravillosa historia de Ventilaciones Rodríguez S.A. que viví y padecí cerca de doce meses, aquí en Lima, hace la broma de treinta años. Nos habíamos comprado una casa en el rincón de la ciudad que queríamos, frente al mar de Barranco, y un arquitecto amigo, Cartucho Miró Quesada, me había diseñado en toda la segunda planta el estudio de mis sueños: estantes para libros, un escritorio larguísimo de tablero muy grueso, una escuadra de sillones para conversar con los amigos, y una chimenea junto a la cual habría un confortable muy cómodo y una buena lámpara para leer.

Las circunstancias harían que la pieza más memorable del estudio fuera, con el tiempo y por imprevistas razones, la chimenea. Era de metal, aérea y cilíndrica y Cartucho la había diseñado él mismo, como una escultura. ¿Quién la fabricaría? Alguien, tal vez el mismo Cartucho, me recomendó a esa indescriptible empresa de apelativo refrigerado: Ventilaciones Rodríguez S.A. Recuerdo perfectamente aquella tarde, a la hora del crepúsculo, en que su propietario y gerente, el ingeniero Rodríguez, compareció en mi todavía inexistente estudio para firmar el contrato. Era joven, enérgico, hablador, ferozmente simpático. Escuchó las explicaciones del arquitecto, auscultó los planos con ojos zahoríes, comentó dos o tres detalles con la seguridad del experto y sentenció: "La chimenea estará lista en dos semanas".

Le explicamos que no debía apurarse tanto. El estudio solo estaría terminado dentro de mes y medio. "Ese es su problema", declaró, con un desplante taurino. "Yo la tendré lista en quince días. Ustedes podrán recogerla cuando quieran".

Partió como una exhalación y nunca más lo volví a ver, hasta ahora. Pero juro que su nombre y su fantasma fueron la presencia más constante y recurrente en todos los meses sucesivos a aquel único encuentro, mientras el estudio se acababa de construir y se llenaba de libros, papeles, discos, máquinas de escribir, cuadros, muebles, alfombras, y el hueco del techo seguía allí, mostrando el grisáceo cielo de Lima y esperando a la chimenea que nunca llegaba.

Mis contactos con Ventilaciones Rodríguez S.A. fueron intensos, pero solo telefónicos. En algún momento yo llegué a contraer una pasión enfermiza por la secretaria del ingeniero Rodríguez, a quien tampoco nunca vi la cara ni conocí su nombre. Pero recuerdo su voz, sus zalamerías, sus pausas, sus inflexiones, su teatro cotidiano, como si la hubiera llamado hace media hora. Hablar con ella cada mañana, los cinco días hábiles de la semana, se convirtió en un rito irrompible de mi vida, como leer los periódicos, tomar desayuno y ducharme.

"¿Qué cuento me va usted a contar hoy día, señorita?", la saludaba yo.

Ella nunca se enojaba. Tenía la misma irresistible simpatía de su jefe y, risueña y amable, se interesaba por mi salud y mi familia antes de desmoralizarme con el pretexto del día. Confieso que yo esperaba ese instante con verdadera fascinación. Jamás se repetía, tenía un repertorio infinito de explicaciones para justificar lo injustificable: que pasaban las semanas, los meses, los trimestres y la maldita chimenea nunca llegaba a mi casa. Ocurrían cosas banales, como que el señor de la fundición caía preso de una gripe con fiebres elevadas, o verdaderas catástrofes como incendios o fallecimientos. Todo valía. Un día, que yo había perdido la paciencia y vociferaba en el teléfono como un energúmeno, la versátil secretaria me desarmó de esta manera:

"Ay, señor Vargas Llosa, usted riñéndome y amargándose la vida y yo desde aquí estoy viendo el cielo, le digo".

"¿Cómo que viendo el cielo? ¿Qué quiere usted decir?"

"Que se nos ha caído el techo, le juro. Anoche, cuando no había nadie. Pero no es ese accidente lo que me da más pena, sino haber quedado mal con usted. Mañana le llevamos su chimenea sin falta, palabra".

Un día tuvo la extraordinaria sangre fría de asegurarme lo siguiente:

"Ay, señor Vargas Llosa, usted haciéndose tan mala sangre y yo viendo desde aquí su chimenea linda, nuevecita, partiendo en el camión que se la lleva a su casa".

Mentía tan maravillosamente bien, con tanto aplomo y dulzura, que era imposible no creerle. Al día siguiente, cuando la llamé para decirle que no era posible que el camión que me traía la chimenea se demorara más de veinticuatro horas en llegar de la avenida Colonial de Lima hasta Barranco (no más de diez kilómetros) se sobrepasó a sí misma, asegurándome en el acto, con acento afligido y casi lloroso:

"Ay, usted no se imagina la desgracia terrible que ocurrió: el camión con su chimenea chocó y ahora el chofer está con conmoción cerebral en el Hospital Obrero. Felizmente, su chimenea no tuvo ni un rasguño".

La historia duró más de un año. Cuando la chimenea llegó por fin a la casa de Barranco ya casi nos habíamos acostumbrado al hueco del techo por el que, un día, una paloma distraída se extravió y aterrizó en mi escritorio. Lo más divertido —o trágico— del final de este episodio fue que a la chimenea bendita solo pudimos usarla una sola vez. Con resultados desastrosos: el estudio se llenó de humo, todo se ensució y yo tuve un comienzo de asfixia. Nunca más intentamos encenderla.

Aquella secretaria mitológica de Ventilaciones Rodríguez S.A. era una cultora soberbia de una práctica tan extendida en el Perú que es poco menos que un deporte nacional: el arte de mecer. "Mecer" es un peruanismo que quiere decir mantener largo tiempo a una persona en la indefinición y en el engaño, pero no de una manera cruda o burda, sino amable y hasta afectuosa, adormeciéndola, sumiéndola en una vaga confusión, dorándole la píldora, contándole el cuento, mareándola y aturdiéndola de tal manera que se crea que sí, aunque sea no, de manera que por cansancio termine por abandonar y desistir de lo que reclama o pretende conseguir. La víctima, si ha sido "mecida" con talento, pese a darse cuenta en un momento dado de que le han metido el dedo a la boca, no se enoja, termina por resignarse a su derrota y queda hasta contenta, reconociendo y admirando incluso el buen trabajo que han hecho con ella. "Mecer" es un quehacer difícil, que requiere talento histriónico, parla suasoria, gracia, desfachatez, simpatía y solo una pizca de cinismo.

Detrás del "meceo" hay, por supuesto, informalidad y una tabla de valores trastocada. Pero, también, una filosofía frívola, que considera la vida como una representación en la que la verdad y la mentira son relativas y canjeables, en función, no de la correspondencia entre lo que se dice y lo que se hace, entre las palabras y las cosas, sino de la capacidad de persuasión del que "mece" frente a quien es "mecido". En última instancia, la vida, para esta manera de actuar y esta moral, es teatro puro. El resultado práctico de vivir "meciendo" o siendo "mecido" es que todo se demora, anda mal, nada funciona y reinan por doquier la confusión y la frustración. Pero esa es una consideración mezquinamente pragmática del arte de mecer. La generosa y artística es que, gracias al meceo, la vida es pura diversión, farsa, astracanada, juego, mojiganga.

Si los peruanos invirtieran toda la fantasía y la destreza que ponen en "mecerse" unos a otros, en hacer bien las cosas y cumplir sus compromisos, este sería el país más desarrollado del mundo. ¡Pero qué aburrido!

LIMA, FEBRERO DEL 2010


domingo, 21 de febrero de 2010

No me gusta las Matematicas papa


La verdad de las matemáticas

SIN APOYO DESDE 1985, UNOS 217 ESTUDIANTES NOS HAN REPRESENTADO EN OLIMPIADAS MUNDIALES DE MATEMÁTICAS. AQUÍ LA HISTORIA DEL DESTINO Y LAS PERIPECIAS QUE ATRAVESARON ESTAS JÓVENES PROMESAS

Por: Nelly Luna Amancio
Domingo 21 de Febrero del 2010

El azar también se encubre entre los números. Jimmy Astupillo —niño prodigio becado por una academia desde los 9 años, medalla de bronce en las olimpiadas del continente y mención honrosa en un campeonato mundial— reposa esta calurosa tarde de febrero en su modesta casa de ladrillos de Comas. Razona sobre el azar. Dice que es posible conocerlo con las probabilidades, pero que él prefiere las certezas. El niño que durante más de nueve años arrasó los campeonatos de matemáticas y exámenes de admisión tiene ahora 28 años y aún no logra acabar la universidad. De aquellos años en los que la prensa y los profesores lo tildaban como la adolescente promesa matemática tiene solo los recuerdos que hoy cuelgan en la pared de ladrillos de su sala: hay un corazón forrado en tela negra del que pende una decena de medallas protegidas con un plástico transparente, empolvado.

Cada vez que recuerda, Jimmy agacha la cabeza y junta sus manos como si fuera a rezar. Cuenta que un día de 1992 de pronto llegó a su colegio de Comas un profesor y le ofreció una beca en una academia. "Yo era bueno con los números y ya había ganado algunos concursos interescolares", dice. Así fue como acabó sentado en la primera fila del aula de una academia preuniversitaria cuando sus piernas ni siquiera alcanzaban el piso. "A mí siempre me asombró mi hijo Jimmy, no sabía ni leer y ya resolvía los pupiletras de los periódicos, a los 6 años ya repetía la tabla de multiplicar", dice doña Amelia, la madre que llegó de Arequipa cuando este lugar era todavía un terral.

Jimmy lleva un pantalón corto, un polo sin mangas y una chaquira en el cuello. Luce descansado, pero no siempre está así. Desde hace unos años su rutina consiste en viajar los domingos por la noche hacia Trujillo (donde enseña matemáticas en un colegio los lunes y martes), retornar con las mismas y amanecer en Lima los miércoles, dar clases de álgebra en una academia del centro de Lima, y así, por fin, entregarse los jueves y viernes a sus cursos de matemática pura en San Marcos. Este distorsionado horario lo obliga a llevar apenas dos cursos por semestre: Jimmy ya debería haber terminado la carrera, pero aún tiene para varios años más. La necesidad económica eligió por él. No era la primera vez.

TALENTO SIN APOYO
En 1998 Jimmy ocupó el primer lugar de ingreso a Ingeniería Mecatrónica en la UNI, pero no terminó. Su mamá enfermó y tuvo que trabajar dictando clases en una academia. "Los horarios de clase se cruzaban con los del trabajo, tuve que dejarlo".

—¿Por qué no continuaste?

—Por vergüenza.

—¿Has intentado postular a una beca en el extranjero?

—Nunca lo he intentado.

—¿Por qué?

—Por falta de información, creo

—¿Alguna vez alguien del Ministerio de Educación te ofreció apoyo o una beca?

—No.

El 2008 el Perú ganó su primera medalla de oro en una olimpiada mundial de matemáticas y ocupó el puesto número 17 de un total de 104 países que participan anualmente en este certamen. Y el año pasado quedó en un expectante puesto 24. Los puntajes del Perú están, incluso, por encima de países como España, Francia, Cuba, Argentina, Chile y Colombia. ¿Será que este talento —que los mismos matemáticos dicen que es innato— procede de ese natural cálculo mental que durante generaciones ha obligado a las familias peruanas a dividir lo que falta, a sumar lo que resta? Puede ser, pero hay algo más.

La perversa contradicción de tener uno de los peores sistemas de educación pública y ocupar al mismo tiempo un lugar importante en las competencias de matemáticas tiene una explicación nada matemática.

Desde hace más de una década el sector privado —léase la Somape y la Universidad Católica— viene dando una intensa y selectiva preparación a los mejores estudiantes de escuelas y academias. "Este apoyo es lo que ha mejorado el rendimiento de los más jóvenes, pero lo que no cambia es la indiferencia del Estado hacia estos grupos de estudiantes", dice, con la autoridad de ex olímpico, Jesús del Carpio Talaverano, uno de los cuatro estudiantes que participaron por primera vez aquel diciembre de 1985 en una competencia internacional: la primera Olimpiada Iberoamericana de Matemáticas realizada en Colombia. "Los que participamos en esa primera olimpiada nunca antes habíamos practicado en un examen tipo olimpiada: dos días de evaluación, cada uno con tres problemas para ser resueltos en no más de cuatro días, estábamos nerviosos, pero contentos".

De ese primer concurso internacional al que el Perú asistió, Jesús recuerda un hecho que entonces causó indignación, pero que ahora le parece ya una anécdota.

Ese noviembre de 1985 el entonces presidente García firmó una resolución que oficializaba el nombramiento del equipo que representaría al Perú en las olimpiadas, pero no dijo nada más. "Sacó la resolución, pero no hubo dinero, nada, al final una empresa nos donó los pasajes para los alumnos y los dos profesores que nos acompañaban consiguieron los suyos", cuenta. Lo peor llegó al volver. "Fuimos al aeropuerto y en el "counter" nos dijeron que nuestros pasajes de retorno para ese 19 de diciembre habían sido vendidos porque era temporada alta, nos habían cambiado el retorno para después de Navidad". Mientras el tema se resolvía en Lima, la selección de estudiantes se alojó en la casa del cónsul.

Las historias de desplantes se repiten con la llegada de un nuevo concurso. Aún ahora es complicado conseguir los pasajes para el traslado de los muchachos. "Hay mucho talento por descubrir en el Perú", dice el profesor Uldarico Malaspina, miembro de la Sociedad Matemática Peruana (Somape). Muchos de estos ex olímpicos desarrollan una carrera prometedora aquí y en el exterior, pero otros, con menos oportunidades, ceden a los dilemas económicos y son contratados como docentes en alguna de las tantas academias del país.

Aunque a muchos de los olímpicos les encante y disfruten las matemáticas, la mayoría acaba por elegir alguna de las ingenierías. Un matemático en el Perú solo puede dedicarse a la docencia. Aquí nadie paga por la investigación. En países con un rendimiento menor al nuestro, los matemáticos desarrollan las teorías que más adelante aplicarán la ingeniería y otras ciencias. "Las leyes de Newton no se podrían haber creado sin la teoría matemática diferencial", dice Jesús del Carpio. Él eligió ingeniería de sistemas y ahora dirige su propia empresa en San Martín de Porres.

LAS GANAS DE SUPERACIÓN
Los padres de Jesús del Carpio Talaverano, como la madre de Jimmy Astupillo, pertenecen a esa estirpe de esforzados migrantes que lo dieron todo por la educación de sus hijos. El padre de Jesús no estudió ninguna profesión, pero siempre mostró mucho interés por el desempeño académico de sus hijos. "Mi papá es perfeccionista e inteligente. Él tiene una frase: "Solamente hay dos formas de hacer las cosas: o las haces bien o las haces mal, el más o menos no existe"". Su padre le inculcó eso y mucha disciplina. "Le encantaba los juegos de pensar. Nos hacía concursar entre nosotros: tres por doce, once por once, nueve por ocho", recuerda Jesús. El padre —dejaba a un lado el cansancio laboral— siempre preguntaba por el avance en el colegio. "Veíamos poca televisión, pero qué niño entendería eso hoy".

Todo triunfo conlleva sacrificios. Jesús cuenta como anécdota que él nunca aprendió a jugar trompo y que su primera cometa la voló recién cuando nacieron sus hijos. "Tampoco aprendí a montar bicicleta porque nunca la tuve", dice. Ahora, en perspectiva, recuerda aquellos años y confiesa que gracias a ello siempre tuvo claro su norte. "Maduré mucho más rápido, a los 16 años ya sabía qué quería y qué tenía que hacer para lograrlo".

En los hijos de migrantes el valor de superación y esfuerzo está mucho más arraigado. "Valoramos más el esfuerzo de nuestros padres, entendemos que para ellos incluso fue más difícil que para nosotros, y mis hijas, por ejemplo, no pasan ni la centésima de lo que yo pasé", cuenta Jesús. La valoración del esfuerzo cambia con cada generación. Sin duda, la necesidad de tener algo moviliza el esfuerzo.

LA TAREA DEL ESTADO
Desde 1985, el Perú ha participado en 45 olimpiadas, 13 de ellas de carácter mundial y las otras continentales. En todo este tiempo el nivel de la selección peruana ha ido mejorando notablemente. Del puesto 60 que ocupó el Perú en el mundo, el año 2003, ahora está en el puesto 24.

La Sociedad Matemática sostiene que el apoyo privado es importante pero que el Estado tiene que hacer más, sobre todo por los jóvenes de menos recursos. Ellos recomiendan crear un programa que promueva e incentive el retorno de los talentos peruanos que radican en el exterior, desarrollar un programa de detección y formación de jóvenes talentos, fortalecer e invertir en proyectos de investigación en matemática. "Es inconcebible que haya tan buenos estudiantes pero que no reciban ningún apoyo, el presupuesto de Educación es terrible".

—¿Te consideras superdotado?

— No, para nada, solo tengo habilidades, como otros las tienen para otras cosas.

—¿No duermes pensando en un problema?

—Muchas veces.

Jimmy todavía recuerda el problema número seis de la Olimpiada Mundial de 1997 que lo obsesionó durante más de ocho años. Halló la respuesta en un boletín que compró con todo lo que tenía en el bolsillo. La intriga se desvaneció con un alivio: "era un problema que yo jamás hubiera podido descubrir".

LA CIFRA
8
Años, entre 1989 y 1997, el Perú dejó de participar en las Olimpiadas Mundiales de Matemáticas. La crisis económica de entonces también limitó la participación en otros certámenes.

Russel Crowe


Lograr mentes brillantes

Por: E Santiago Antúnez de Mayolo
Domingo 21 de Febrero del 2010

En el año 2007 presentamos como nueva propuesta educativa para el país, el método ProEduPerú para lograr el desarrollo integral del niño, de 0 a 5 años 11 meses. Es en este lapso —tan desatendido— cuando según las neurociencias se estructura todo el sistema cerebral integrado por 100 billones de neuronas que requieren constante información para interco-nectarse. ProEduPerú  incluye, además, una adecuada nutrición e higiene, y toma en cuenta que la formación del menor tiene dos componentes básicos: mente y conducta. Usamos actividades que crean y estimulan circuitos cerebrales: percepción, comunicación, atención, memoria, orientación espacial, razonamiento y cálculo. La conjunción de dos o más de las anteriores forma la creatividad. La continua confrontación de mente y conducta gesta una sana y positiva personalidad. Nuestra propuesta revertiría la actual pobreza intelectual del Perú, principal freno para el desarrollo. Con poca inteligencia pocos avances tendremos como nación.

Tomemos en cuenta algunos datos. En 1998 la Unesco presentó el resultado de las evaluaciones de alumnos sudamericanos. Los estudiantes peruanos quedaron últimos y con un promedio de coeficiente intelectual (IQ) de apenas 83 puntos, es decir "infranormales" y muy por debajo de los 108 puntos de los países más desarrollados y emergentes.

Los alumnos peruanos quedaron mal, también, en los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), que examinó 5 naciones latinoamericanas y 36 europeas: quedaron últimos en ciencia y matemática. Durante su período como ministro de Educación, en el gobierno de Toledo, el arquitecto Sota Nadal encontró que solo el 10 % de alumnos comprendía lo que leía. Todo esto resulta de una pésima calidad educativa y la desnutrición (o mala alimentación) de nuestra niñez y juventud, por la cual uno de cada tres pequeños padece anemia crónica. ProEduPerú es un paso que creemos necesario para revertir esta situación. La mejor inversión que puede hacer un país es en educación, en su actualización acorde a la nueva información que brindan las neurociencias y adaptada a un mundo cada vez más interconectado y competitivo.

Seguimos calculando en vez de gobernar

Del bono al voto militar y policial

 

Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe

Anzuelos electorales en cuarteles y comisarías.

El mismo gobierno que cuadró al Congreso por promover un bono extraordinario para militares y policías, al final decidió patear el problema para adelante también con un bono extraordinario y una comisión que identifique soluciones de fondo para dichas remuneraciones. Aunque el esquema anunciado es algo diferente, no hay duda de que el Legislativo le ganó esta batalla al Ejecutivo.

El propio presidente Alan García lo anunció, el sábado por la mañana, en Palacio de Gobierno, en medio de un contexto crecientemente tenso en cuarteles y comisarías: mil soles para todos los suboficiales y oficiales desde alférez hasta comandante.

El costo total será de alrededor de 150 millones de soles y se financiará, a diferencia de lo planteado por el Congreso, con recursos de los ministerios del Interior y Defensa, lo que implicará el recorte del gasto corriente y de las inversiones que ya estaban previstos en estos sectores.

Como todo pago por una sola vez, y por un monto de solo mil soles, este bono no va a arreglar nada más allá de ser una señal de preocupación e interés del gobierno. Este se explica por el tremendo atraso salarial y por el antiguo desinterés por resolver el problema con una perspectiva de largo plazo, lo cual ha dado lugar a la creación de una comisión de ministros que, en 180 días, deberá tener una propuesta. Dicho esquema debiera ser parte de una reforma más profunda aún de ambas instituciones, con planteamientos que el gobierno aprista –al igual que todos los previos– ha carecido hasta el momento.

Un plazo de 180 días significa agosto de este año, cuando la campaña municipal-regional esté en su apogeo, y la presidencial-parlamentaria bien caliente, por lo que las remuneraciones castrenses serán tema de la agenda de la próxima elección.

Es obvio que la peor oportunidad para discutir sueldos con alguien es cuando, simultáneamente, se le pide su voto. Entre miembros en actividad y retiro de las fuerzas armadas y policiales, más familiares y allegados, quizá hablemos de alrededor de un millón de votos que serán seducidos por los candidatos.

¿Quién se los llevará? ¿Luis Giampietri por su papel en el logro del bono? ¿Ollanta Humala si, como parece, llevará en sus listas a los policías destituidos que participaron en el plantón frente al MEF? ¿Edwin Donayre sacará alguito?

Lo más probable es que todos los partidos tiren anzuelos en cuarteles y comisarías con ofertas salariales, así como con militares y policías en sus listas al Congreso, al igual que ahora todos los partidos llevan su voleibolista, por lo que quizá este voto se acabe distribuyendo en proporción a la votación general del país.

Al tercer dia resucitaras. Somos campones mundiales

La resurrección de los compadres

Por: Pedro Ortiz Bisso
Domingo 21 de Febrero del 2010

Este inesperadamente exitoso arranque de Universitario y Alianza Lima en la Copa Libertadores ha provocado que muchos hinchas devorados por el entusiasmo empiecen a preguntarse si acaso estamos siendo testigos de la resurrección del fútbol peruano.

Pues, me temo que la respuesta es negativa.

¿Por qué les ha ido bien a los compadres? Fundamentalmente porque sus técnicos entendieron que seguir jugando a 20 kilómetros por hora, con pasecitos insulsos hacia los costados y una que otra huachita arranca aplausos, lo único que les aseguraba era sumar otro papelón al currículum. Se dieron cuenta de que el fútbol moderno demanda una mayor exigencia física, que los jugadores deben estar en permanente movimiento, fabricando espacios aun sin la pelota en los pies. Entendieron la importancia de asfixiar al rival hasta quitarle el balón para luego jugarlo en no más de dos toques. Para ello era indispensable construir un equipo solidario, que no dependa de un solo jugador. La "U" ya había aplicado dicha  fórmula en la Copa Libertadores del año pasado, en la que apenas fue eliminada por diferencia de goles, y en el torneo local. Alianza, su principal víctima a lo largo del 2009, aprendió la lección y decidió hacer lo mismo. Gustavo Costas le puso fin a la dependencia exclusiva de la zurda de Johnnier Montaño y ensambló un equipo de obreros, mucho más contundente que el once de Juan Reynoso. Que dos equipos peruanos hayan ganado sus dos primeros partidos en una Copa Libertadores, incluyendo uno fuera de casa, no estaba en los cálculos de nadie, ni siquiera del más fanático de sus simpatizantes.

Sin embargo, aún no existe una razón que permita establecer efectos vinculantes entre estos éxitos con la resurrección del balompié criollo. Aquí mis razones: 

— En la historia del fútbol peruano los triunfos hazañosos se mezclan con las derrotas humillantes. La prensa deportiva ha fabricado diversas explicaciones para estos fracasos ("gitanería", "falta de actitud"), que bien podrían resumirse en una más simple: falta de preparación. Tras solo dos jornadas de la Libertadores, imaginar que el final será distinto es todavía prematuro.

— La crisis de nuestro balompié es estructural. El sistema organizativo ha colapsado y requiere un cambio radical que implique políticas de desarrollo de mediano y largo plazo. Clasificar a un Mundial o hacer una buena campaña en una Copa Libertadores no alcanza para resanar sus agudos problemas de base.

— Si bien hay jugadores que han sorprendido por su rendimiento, aún existen posiciones dentro de la cancha que no están adecuadamente cubiertas, ¿o ya olvidamos cómo sufrimos en la última eliminatoria por la falta de marcadores de punta y volantes centrales?

— Finalmente, muchos siguen añorando la forma cómo la selección nacional jugaba en la década del setenta, sin advertir que el fútbol actual ya cambió. Sin agresividad en la marca y dinámica en los desplazamientos no hay manera de tener éxito. El resto es nostalgia, pura novelería.

Que el entusiasmo no nos desborde. Para que el fútbol peruano cambie, resta muchísimo por hacer.